Exposición: Pasando Revista - La Mirada de Luis Mejía + "La Fotografía en el Ecuador" y "La Mirada y la Memoria"

 




Nombre de la exposición: "Pasando Revista, La Mirada de Luis Mejía"

Autor: Luis Mejía

Técnica: Papel Hot Press Bright

Dirección: Centro Cultural Metropolitano de Quito

Soporte: Paredes y vitrinas de vidrio alrededor 

Iluminación: luz de tungsteno

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Fue interesante conocer la obra de este fotógrafo, que, de manera autodidacta, formó una mirada única dentro de los cánones ecuatorianos, al llevar su cámara a la calle y caminar al mismo tiempo que registraba la cotidianidad de la época, creando un archivo sólido del cómo se vivía. Incluso experimentando, como su famoso retrato en el espejo, que crea un símil con otro retrato de la igual genial fotógrafa Graciela Iturbide, y es prueba de que Luis Mejía fue un referente dentro de la fotografía latinoamericana.

La Fotografía en el Ecuador Pag 129-131


"Soy originario de Guamote, en la provincia de Chimborazo, donde nací el 26 de julio de 1938. Realicé mis primeros estudios en mi ciudad natal, llegando hasta tercer curso en el Colegio Velasco Ibarra. En aquella época, gracias a una beca otorgada por el municipio, pude continuar mis estudios en Quito, en el Colegio Juan Montalvo, con la idea inicial de ser profesor. Esto ocurrió alrededor de 1956 o 1957. Sin embargo, no tardé en darme cuenta de que esa no era mi vocación, así que solicité el cambio al Colegio Montúfar, donde me matriculé en la sección nocturna para enfocarme en otros intereses.

En ese momento, aún no tenía interés por la fotografía; mi pasión era el dibujo. Recuerdo que en Guamote envié un cupón de una revista de dibujo al Instituto Argentino de Dibujo. Tras un par de meses, me aceptaron y me enviaban las lecciones por correo a cambio de mensualidades. Mi llegada a Quito marcó un cambio radical en mi vida. En el Colegio Montúfar conocí a Adolfo Sotomayor, un amigo de Santa Rosa, El Oro, quien era fotógrafo. Él no tenía un lugar para revelar sus fotos, así que le propuse usar un espacio en mi cuarto en el barrio de La Tola para montar un cuarto oscuro. Así empezó mi relación con la fotografía. Observando a Adolfo, aprendí el proceso de revelado; esa fue mi primera escuela.

Adolfo trabajaba fotografiando funerales. Leía el periódico, iba al lugar, tomaba las fotos, las revelaba en mi cuarto y volvía al funeral para ofrecer su trabajo. Cuando él regresó a Guayaquil, me dejó su equipo y las fórmulas de revelado. Poco después, un compañero de clase cuyo padre tenía un almacén de fotografía me invitó a trabajar con él en un laboratorio montado en su casa. Inspirado por lo que aprendí de Adolfo, comencé a tomar fotos en funerales y, eventualmente, las familias me contrataban para otros eventos sociales. Con el tiempo, adquirí mi propio equipo y monté un laboratorio en mi nueva casa.

En 1957 o 1958, mientras revisaba periódicos, descubrí el trabajo de José Pérez, un reconocido fotógrafo de prensa. Sus imágenes me llamaron la atención, aunque las sentía demasiado posadas. Más tarde, tuve la oportunidad de colaborar con él de manera informal. En una ocasión, tomé fotos de un evento político significativo y llevé las imágenes a *El Comercio*. Aunque mis fotos se publicaron bajo su nombre, esto me abrió las puertas al fotoperiodismo. Pérez empezó a valorar mi trabajo y me invitó a colaborar en el nuevo diario *El Tiempo*, donde trabajé desde 1965 junto a otros fotógrafos. Aunque enfrentamos dificultades económicas, esta experiencia fue fundamental para mi formación.

En *El Tiempo* gané reconocimiento, incluyendo varios premios nacionales e internacionales por mis fotografías. En 1970, ingresé a *Vistazo*, donde trabajé de planta y logré aplicar todo lo que había aprendido. También colaboré con la Associated Press y varias instituciones ecuatorianas, lo que amplió mi experiencia profesional. Fui fundador del diario *Hoy* en 1983, donde trabajé como jefe de fotógrafos.

Mi trabajo siempre estuvo enfocado en el fotoperiodismo y nunca tuve un estudio fotográfico; preferí trabajar en laboratorios y como freelance. Con el tiempo, mi conocimiento del dibujo me ayudó a perfeccionar la composición de mis fotografías. Hoy, aunque estoy retirado, dedico mis días a rescatar mi archivo personal, con la esperanza de que este material se convierta en parte del patrimonio cultural del Ecuador. Las imágenes que tomé para mí mismo, más allá de encargos, son las que más satisfacción me han dado."

La Mirada y la Memoria.
Capitulo: "El 32 de agosto"



La noche anterior, el general Raúl González Alvear, jefe del Estado Mayor Conjunto y antiguo comandante de la II Zona Militar en Guayaquil, lideró una sublevación militar contra el gobierno del General Guillermo Rodríguez Lara. Según la edición 220 de la revista Vistazo de septiembre de 1975, González Alvear justificó el golpe en un comunicado, argumentando que no se habían cumplido los principios de justicia social, que la política petrolera era desastrosa y que el objetivo del levantamiento era corregir los errores del régimen. La revista describió el momento: “Los tanques avanzaban desprendiendo el olor a caucho quemado, seguidos de tropas con armas automáticas. Los pocos transeúntes en las calles desiertas pensaban que era un desfile militar fallido. Eran las doce y media de la noche”.

Luis Mejía, fotógrafo de la revista, recuerda claramente aquella madrugada: “Mi primo me llamó pasada la medianoche, exaltado, diciendo: ‘Parece que quieren tumbar al Bombita, están rodeando el Palacio’. Me vestí rápido, agarré mi cámara y salí volando”.

El ruido de los disparos y el eco de las ametralladoras resonaron en las calles coloniales de Quito, despertando a sus 600,000 habitantes en medio del golpe. Mejía añade: “Los soldados ya tenían órdenes y rodeaban el Palacio de Gobierno. La foto que tomé fue alrededor de las dos y media de la madrugada, cuando se posicionaban estratégicamente”.

En esa madrugada del 1 de septiembre de 1975, una fecha que posteriormente sería renombrada como “el 32 de agosto” por decisión gubernamental, los golpistas lograron tomar el Palacio de Gobierno tras enfrentarse con la guardia presidencial. Sin embargo, el General Rodríguez Lara había logrado escapar. Vistazo relató: “La ausencia del Presidente significaba que los generales sublevados ya habían perdido la partida. La toma del Palacio, sin la captura del Mandatario, no tenía el impacto psicológico deseado”.

Mejía recuerda un momento en particular: “Vi en un soldado una mezcla de recogimiento, temor y miedo. Rápidamente tomé dos fotografías y me retiré”. Las imágenes captadas aquella noche, preservadas en una hoja de contactos, reflejan el caos militar de esos instantes. “Creo que fui el único fotógrafo que estuvo ahí. Me quedé toda la madrugada y también al día siguiente”, concluye Mejía.




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