Dolores Ochoa y Libro La mirada y la memoria

Dolores Ochoa

Para Dolores Ochoa se trata de contar, de la manera más honesta posible, lo que presencias. Al estar en primera fila te da una nueva perspectiva del mundo que te rodea. Qué a través de ese mundo exterior, logres comunicar lo que sientes, formando un vínculo más fuerte con las situaciones que se viven en el planeta.


Fotografías para la historia Para los inicios de la fotografía periodística ecuatoriana, el personaje más importante es el fotógrafo Rafael Pérez Pinto. En un inicio fue un célebre retratista al quién siempre acudían distinguidas familias ecuatorianas, pero el 6 de agosto de 1875 su aporte a lo que sería fotoperiodismo ecuatoriano sería significativo. Frente al palacio de Carondelet, Pérez sería alertado por un escándalo de gritos y disparos. Trataría de ver lo que ocasiono dicho escándalo desde su balcón, pero no puedo distinguirlo desde esa altura. Por lo que, cargado con su equipo fotográfico, que no era nada liguero, bajaría hasta el palacio y sería testigo de una sangrienta escena. El presidente Gabriel García Moreno había sido asesinado por un grupo de conspiradores liberales a machetazos y tiros. Su cuerpo se encontraba encima de una manta, con la cabeza descansando sobre una almohada, pero en su rostro se revelaba una serenidad ignorante de tal violenta muerte. La fotografía de Rafael Pérez inmortalizaría este momento que luego sería presentado como prueba del coraje del presidente frente a este cruel destino y serviría de inspiración para los ecuatorianos.
El legado de Lynch
William Lynch fue un capitán estadounidense que es mayormente conocido por dar origen al término linchamiento por ordenar la ejecución de una banda lealista antes de ser juzgados por la ley. El término tiene un laso estrecho con mucho acontecimiento en el Ecuador y el fotoperiodismo es testigo de ello. En 1997, Dolores Ochoa ganó un premio por su fotografía titulada Vandalismo en manifestaciones, donde se ve en el suelo a un agente de policía desnudo, que se había infiltrado en el colegio Mejía, mientras un compañero trata de ayudarlo. La fotografía no sería testigo del linchamiento, pero sí de la consecuencia de este.

Al igual que en 2003, Dolores Ochoa cubriría un ajusticiamiento indígena a una mujer que había cometido robo. Las escenas que presenció, más las súplicas de la mujer, fueron un golpe fuerte para Ochoa, quien no se encontraba contenta con la crueldad hasta el punto en el que amenazaron a la mujer con quemarla viva; sin embargo, continuó con la cobertura, incluso con lágrimas en los ojos, hasta el final.

También la fotografía periodística tiene un fin de revelar la verdad. El 19 de noviembre del 2003 se daría el conocido caso Fybeca. El fotógrafo Martín Herrera, que se encontraba en las proximidades del lugar, acudiría rápidamente. Ya ahí tomaría algunas fotos, hasta que se daría cuenta de algo. Un hombre que llevaba a otro por la espalda, con la cabeza tapada con su camiseta, tomó varias fotografías, desde que salieron hasta que lo embarcaron. Momentos más tarde, se le permitió el acceso a la prensa al lugar. Herrera lo recuerda por inusual de la situación, pues casi nunca se les suele dar un acceso tan libre. Tomo a unas más fotografías, incluidas a los familiares destrozados de las víctimas. Ya en mediodía, la policía daría una declaración contradictoria a lo que presenció y capturó a Herrera. "No habían capturado a nadie". Esta contradicción causaría revuelo, pues tiempo más tarde la viuda de una de las víctimas reconocería a su esposo en la secuencia que capturó herrera, esposo que fue a comprar pañales esa mañana.



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