Roces de Luz

 


Informe:

¿Qué sería de la historia del arte si Edward Weston no hubiera visto un potencial estético en objetos comunes de su naturaleza, la piel y cercanos a su entorno? Seguramente nos hubiéramos perdido de obras tan inspiradoras que nos fuerzan a ver la belleza dentro de lo común. Y es que en toda su obra se captura la belleza en objetos que comúnmente pasan desapercibidos, como conchas, frutas o pimientos, pero para Weston cada cosa se podía prestar como herramienta de estudio, donde las formas y texturas tomaban protagonismo, abstrayendo resultados interesantes.  

Siguiendo esta filosofía, decidí explorar, por medio del autorretrato, mis brazos y manos. Con el fin de salir de mi zona de confort y explorar estas "herramientas" con un mayor protagonismo visual, centrándome en las formas, texturas y cómo la luz, al igual que la sombra, inciden en los cuerpos, dando una imagen más potente a estos retratos.

Como parte de este proyecto estudié la obra de Weston, primero su equipo. El maestro usaba un cámara de gran formato, con una gran profundidad de campo que le permitía captar cada detalle del encuadre. También me interesó su manera de iluminar. El juego de luz y sombra hace más visibles los pliegues, en el caso de la piel, o formas orgánicas. También explora en el tema del fondo, en muchas de sus fotos se realiza un énfasis en el sujeto, distinguiéndolo del fondo. En su mayoría, a la espalda del modelo, se teje una sombra poderosa que hace más visible la figura que presentan estos objetos. También un caso importante de estudio, y muy debatible si fue la verdadera intención del autor, es el caso del eco que generan sus imágenes de naturaleza muerta con partes del cuerpo femenino, dándole un sentido más erótico. 

Ya llevado esto a mi proyecto, utilicé una cámara Sony A6400 con la distancia focal de 50 mm, para evitar cualquier tipo de distorsión y que sea lo más cercano a lo que ve el ojo humano. En iluminación quise tener el total control en esta, variando entre una y dos luces, en un cuarto completamente obscuro. Esto me dejó modelar las sombras a mi gusto y excluyendo todo lo que no aportaba, llegando al minimalismo por el cual también es famoso Weston. También me apoyé con un fondo negro y una mesa que no reflejara demasiado, aislando más mis manos, dándoles el protagonismo absoluto.

A la hora de componer, involucré aspectos más simbólicos, como los gestos y movimientos daban una sugerencia más psicológica sobre mi persona. Algunas veces seguí la abstracción de formas y darles a mis imágenes un aspecto más surrealista. Y otras veces me dejé llevar por el movimiento de mis brazos y manos frente a la cámara hasta captar una posición que me parecía interesante. Este último igual lo tomé de Weston, pues a la hora de retratar a sus modelos, ellas bailaban frente a la cámara, mientras él les seguía el paso hasta encontrar el encuadre perfecto.

Al final, el trabajo no solo quedó como un homenaje a la obra de Weston sino también como registro de expresión emocional y personal realizada con la gesticulación de mis manos y  brazos, junto con el proceso fotográfico. 

Al igual que fue un desafío creativo, al buscar más allá de las posibilidades estéticas, pues, aunque mi corto tiempo en la fotografía, me es necesario experimentar desde temprano y buscar en los pequeños detalles estos momentos de expresión atreves de objetos o partes no tan comunes, y como la luz, el fondo y la modelación, juntos crean un fuerte componente narrativo, al igual que expresivo. 


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