Hugo y Diego Cifuentes
"Cuando era adolescente, leí por primera vez Drácula de Bram Stoker, y me enamoré de ese personaje honesto, frontal, que persiguió una idea hasta el final, sin que le importaran los resultados. Sin embargo, no entendía la causa de mi admiración por alguien que provocaba temor en los demás. Solo años más tarde, al leer El beso de Judas de Joan Fontcuberta, mi apreciación sobre Drácula cobró sentido. La relación con mi padre fue áspera, tal vez porque los dos nos parecíamos demasiado. No sé, pero aquella aspereza marcó lo que posteriormente di por llamar, de forma impúdica, mi vida. Durante buena parte de mi existencia sentí mucho rencor por mi padre. Pensé que supe separar al padre del artista, porque al artista siempre lo admiré profundamente. Fue mi ícono, y lo sigue siendo. Solo más tarde logré visualizar que mi amor por el vampiro era el mismo que sentía por mi padre: había logrado trasladar mis sentimientos por aquel personaje que no podía reflejarse en el espejo y que busca...